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Por Narciso Beristáin

Surgen las siguientes preguntas tras plantearse a uno mismo ante ciertos aspectos de la vida. Al averiguar las respuestas de las personas de manera indirecta, es posible averiguar su posición ante la vida y sus esperanzas de hacer feliz a los que le rodean; entre otras cosas. Considero que debemos preparar a nuestros hijos y alumnos para que las contesten con sabiduría.

  1. ¿Por qué forzosamente tenemos que ser mejores que el otro?
  2. ¿Por qué tanta competencia?
  3. ¿Por qué tanta premura por CONSUMIR más y más?
  4. ¿Por qué -en un ardid irónico- lo que “consumimos” en realidad nos consume a nosotros?
  5. ¿Por qué medimos nuestra grandeza con la cinta métrica de lo externo a nosotros, lo artificial y/o lo que se oxida?
  6. ¿Por qué vendimos nuestra inocencia?
  7. ¿Por qué compramos lo que nos entristece, lo que nos endeuda, lo que nos envicia, lo que nos enajena, lo que nos causa ansiedad y lo que nos esclaviza?
  8. ¿Por qué vendimos nuestra santidad a cambio de la sed desmedida, insaciable y viciosa de explorar nuestras posibilidades en la vida destruyendo con la mente y con las manos?
  9. ¿Por qué nos empeñamos en justificar lo que hacemos mal?
  10. ¿Por qué sacrificamos el ser por el tener?
  11. ¿Por qué enloquecemos? Es decir, ¿por qué se nos entenebrece el entendimiento? Permítaseme lo inapropiado que puede resultar plantearlo en estos términos, pero ¿por qué la necedad de apagar cuanto más se pueda al lóbulo frontal y desusar los lóbulos parietales?
  12. ¿Por qué nos ensoberbecemos a tal grado de tomar una posición en la que asumimos ser más sabios o grandes que El Que contiene el infinito, la eternidad, el amor y a nosotros mismos?

En mi opinión, esta última pregunta, casi retórica, nos da la respuesta. Siendo que Él nos contiene, por cuanto Lo negamos, consecuentemente nos negamos a nosotros mismos, negamos lo que somos, negamos nuestra naturaleza misma, negamos nuestra identidad. Afortunadamente, nada de lo que hagamos mal cambia nuestra posición privilegiada, nuestro potencial de trascendencia, ni el poder divino, ni la inexplicable soberanía de lo milagroso, ni la naturaleza o sustancia ontológica de Amor.

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